Durante mucho tiempo las Maldivas fue uno de los secretos mejor conservados del mundo: un hermoso archipiélago de islas coralinas en el Océano Índico, un paraíso para aficionados a los deportes acuáticos y los amantes del sol.
El potencial turístico del país se ha desarrollado considerablemente y las islas se han convertido en un destino turístico de larga distancia. Sin embargo, las Maldivas tiene dos caras: a la vez que un idílico destino turístico es un país habitado por una población indígena que no se mezcla con los turistas. Los dhivehin, nombre que reciben los isleños, son una mezcla de descendientes arios, negroides, cingalés, dravidia y árabes. Esta mezcla pone de manifiesto la historia del país: las islas estuvieron bajo dominio musulmán desde el siglo XII, seguido del dominio portugués desde 1518, la dependencia de Ceilán en 1645 y el protectorado británico con un sultán electo como Jefe de Estado en 1887. Las islas consiguieron la plena independencia como sultanado en 1965. Tres años más tarde, la República de las islas Maldivas nombró como presidente a Ibrahim Nasir, que fue sucedido por Maumoo Abdul Gayoom en 1978, y que constituye una figura central en la vida política de las islas.