Viaje maravilloso que todo aquel que se precie de ser un buen viajero debiera realizar.
Solamente visitar la ciudad de Petra es motivo de sobra para viajar a Jordania. No existe otro conjunto monumental tan impresionante en la zona del oriente próximo. Fue descubierta en el año 1812 y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.
De todos modos, Jordania no es solo Petra. Las sensaciones y emociones son continuas. Es una cultura muy propia, que tiene sus orígenes fundacionales en el mismo Lawrence de Arabia.
Sentir la emoción de «Indiana Jones» frente al majestuoso y mágico Tesoro, caminando por el silencioso y sobrecogedor “Siq” (Desfiladero) de colores que cambian continuamente de tonalidad. Ascender los interminables escalones hasta el Monasterio, visitar la Pequeña Petra, flotar en el Mar Muerto como una experiencia única en la mayor depresión del Planeta, con sus cálidas y saladas aguas y su lodo, rico en minerales que han atraído a muchos visitantes desde tiempos remotos, incluyendo al rey Herodes y la bella reina egipcia Cleopatra. Sentirse como beduino en el rojizo y bello desierto de Wadi Rum.
Imaginar lo que pudo haber sentido Moisés allá en lo alto del Monte Nebo, al ver la Tierra Prometida, rendirse ante Jerash con sus magníficas ruinas romanas, tan bien conservadas, perderse por las calles de Amman allí donde no se ve un solo occidental y sin embargo no sentirte extraño, admirar los bellos corales y peces de colores de Aqaba en el Mar Rojo…
¡Sorprendente Jordania!