El antiguo Reino de Siam, que en 1939 fue rebautizado con su nombre actual, País de los Thais (Tailandia), es quizás el lugar de Asia más anhelado de conocer por los occidentales.
Cuando visité por primera vez Bangkok, allá por el año 1978, se necesitaban 4 horas de auto llegar desde el aeropuerto a la ciudad; hoy es un viaje de 40 minutos y, en breve, por transporte de levitación magnética será de 15 minutos.
Nunca pensé a mis 18 años que iba a visitar esa ciudad tantas otras veces en mi vida, pero como rezan los slogans oficiales de Tailandia: «Amazing Thailand» y «Thailand, Smooth as Silk» («Asombroso Tailandia» y “Tailandia, suave como la seda”) sigo considerando que es la mejor manera para definir en pocas palabras la sensación que genera este bellísimo pueblo en donde la sonrisa de sus habitantes, es sencillamente parte de su cultura y modo de entender la vida.
Poco ha cambiado en Tailandia de su tradición y su cultura en todos estos años, mucho su crecimiento urbano, hotelería y vida nocturna. Sin embargo es destacable que ni las tremendas torres de cristal que se yerguen hoy en el perfil de la ciudad hayan siquiera opacado sus exquisitos templos.
Tailandia es a mi criterio el punto de partida de una aproximación a Asia, donde no se extrañan las comodidades de estilo occidental que se encuentran mejoradas con el sincretismo de la cultura local.
La capacidad de asombro se renueva en cada paso por este delicado y hermoso país. Las mejores playas de esta región, hermosos templos, arquitectura tradicional y moderna, gastronomía exquisita, compras… ¡Asombrosa Tailandia!