Un destino para curiosos viajeros convocados por un país aislado del mundo con el atractivo de su patrimonio milenario y sus respetados monumentos de los años 60 perpetuando una doctrina política y social que marca incluso el conteo del tiempo con su calendario Juche.
Envuelta en el misterio que produce su ostracismo político gobernante, su capital Pyongyang centra su fuerza en el concepto autárquico de no incorporación ni intercambio de culturas foráneas.