Las ciudades medievales que conforman el Valle de Katmandú parecen detenidas en el tiempo. Su estilo arquitectónico y su fuerte religiosidad mayoritariamente hinduista las riegan de templos y palacios.
Los rituales budistas que practican los creyentes refugiados del Tíbet, las cremaciones en el río Bagmati afluente del mítico Ganges, Kumari la diosa viviente venerada por el pueblo, hacen de Katmandú y su valle un atractivo único donde el bellísimo macizo del Himalaya le da marco a este país que se abre paso entre sus dos gigantes vecinos, India y China.